Los demandantes argumentaron en contra de acciones adicionales de Pinkovich que, según ellos, condujeron a la difícil situación en la que se encontraba la empresa, incluyendo: la transferencia de cientos de miles de shekels a favor de una institución establecida en Suiza, "SLG Hope" (en adelante: "Suiza Esperanza"), que era de propiedad privada de Pinkovich y otros; la firma de una garantía a nombre de la empresa para beneficio de Pinkovich Suiza; la retirada de fondos a través de la tarjeta de crédito de la filial sin pruebas de que estos fondos se utilizaran en beneficio de la empresa; la transferencia de fondos de la cuenta de la filial a una empresa propiedad de Pinkovich y su esposa; y la contratación de miembros de la familia Pinkowitz en puestos directivos. Bajo condiciones mejoradas, incluso cuando carecían de formación y educación adecuadas.
Pinkowitz afirmó que las acusaciones en su contra eran infundadas y que durante su etapa en la empresa trabajó para el pueblo y sus refugios, dedicando toda su energía y tiempo a ello. También afirmó que la aldea estaba bien gestionada y que la empresa solo se encontraba en una crisis transitoria.
B.2. Los argumentos de las partes respecto a las acciones de los demás directores
- Los demandantes alegaron que los directores (en adelante, en la medida en que me referiré a "directores" - me refiero a los directores demandados, con la excepción de Pinkowitz) permitieron que Pinkowitz actuara en la sociedad como considerara oportuno, en violación de la ley y de las disposiciones de los estatutos de la sociedad, y que en sus acciones actuaron de manera que se desviaba de la conducta de un director razonable. En el caso de Horn y Gutwein, se afirmó que en la práctica cortaron el contacto con la empresa, no participaron en la gestión de la empresa y no supervisaron lo que ocurría en ella. En el caso de Revas y Sharon, se afirmó que habían servido como sello de estandarte de Pinkowitz, no entendían o no eran conscientes de sus acciones, no conocían la situación financiera de la empresa y solo se les alimentaba la información que les proporcionaba el propio Pinkovich, quien buscaba calmar su opinión de que "todo está bien". En el caso de Rebas, también se afirmó que firmó los estados financieros de la empresa aunque no examinó los datos ni comprendió su contenido.
Ravas y Sharon afirmaron que hicieron todo lo posible por el bien del pueblo, voluntariamente y por un sentido de misión. Rebas, que tenía más de 90 años en el momento de la demanda, trabajó en el pueblo durante unos 30 años como trabajador social y, como parte de su trabajo, acompañaba a las familias y a los dependientes. Se afirma que Rás no tenía conocimiento de asuntos financieros, ni siquiera de leer estados financieros, y consultó con los profesionales y se apoyó en ellos. Se argumentó que el hecho de que fuera engañado y no conociera o no comprendiera algunas de las circunstancias que llevaron a presentar la demanda no deriva de negligencia o negligencia. Sharon afirmó que había estado confinado en su casa debido a su grave salud desde octubre de 2000, y desde entonces ha terminado efectivamente su trabajo y trabajo en el pueblo, sin involucrarse en lo que ocurre allí. Además, se afirmó que los directores confiaban en Pinkovich y en los asesores profesionales, y desconocían la difícil situación en la que se encontraba la filial, ya que la dirección de la empresa disponía de datos infundados, que no reflejaban lo indicado en los estados financieros.